El camino de la vida, por John Zelsik.

elcamino

Hace mucho tiempo existía una aldea en la que sus jóvenes, al alcanzar cierta edad, debían emprender un viaje. El año antes los jóvenes eran preparados. Les contaban que había dos caminos. Debían escoger el de la izquierda pues se contaba que conducía a grandes riquezas. Uno de esos jóvenes alcanzó la edad y se dispuso a emprender su aventura. Todos en la aldea le despidieron recordándole el camino a seguir. El joven caminó y caminó hasta que llegó al lugar en el que el camino se bifurcaba en dos. El camino de la izquierda, el que se esperaba que siguiera, se veía que era utilizado con regularidad. Un camino limpio, libre de hierbas y, a simple vista, fácil de seguir. El otro, el camino de la derecha, apenas se vislumbraba nada. Cubierto por hierbajos, matorrales que no dejaban ver nada y, para colmo de males, era cuesta arriba. El joven dudó al principio qué camino tomar. Sentía curiosidad por el camino de la derecha. Sus sueños de aventura le decían que siguiera ese camino. Pero recordó las palabras de sus vecinos: sigue el camino de la izquierda que te llevará a grandes riquezas. Así pues, haciendo caso a lo que le habían dicho tomó el camino que parecía fácil, el de la izquierda.

Anduvo y anduvo. Pero no encontraba nada interesante por ese camino. Todo el paisaje era el mismo. Monótono. Aburrido. Hasta que se cansó y se dio la vuelta.

Volvió a la bifurcación. Como tenía sed se acercó al río que por allí transcurría a beber un poco de agua. Al ver su rostro reflejado en el agua se percató de que ya no era un joven sino un viejo de pelo cano y rostro arrugado. Parecía que habían transcurrido décadas desde que emprendió el viaje.

Conmocionado, todavía con la mirada perdida en el reflejo del agua, creyó escuchar unos pasos. Se giró y vio aparecer del sendero de la derecha, el difícil, a un anciano con rostro rebosante de felicidad. Olvidándose de su sed y su repentina vejez decidió abordarle y preguntarle: “Disculpe, buen hombre ¿a dónde lleva ese camino que tan feliz vuelve? ¿Por qué decidió seguirlo?”. A lo que el viejo respondió: “Ni idea. Simplemente decidí seguir el camino que más me gustaba”. “¿Nadie te dijo qué debías escoger el camino de la izquierda?” Volvió a preguntar el joven. Por respuesta el viejo dijo: “Vivía únicamente con mis padres en una montaña perdida. Simplemente me dijeron que fuera feliz. Supongo que eso me diría cualquiera que realmente se preocupe por mí. Y eso hice. Escogí el camino a mi felicidad”. Ante la nueva pregunta de si el camino a la felicidad había sido un camino fácil el anciano se rió y le dijo que para nada había sido sencillo. De hecho fue bastante duro. Pero ahora al final de su vida se sentía satisfecho por haberlo seguido.

No dejes que otros marquen tu destino. La vida es elección. Elige tu camino.

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