“Una mirada al futuro”. (John Zelsik)

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Un joven viajero llegó a una aldea donde escuchó decir a los lugareños que cerca en las montañas vivía un anciano capaz de ver el futuro. Los ojos se le iluminaron pensando en poder conocer su futuro, así que se dirigió sin falta hacia las montañas. En cuanto el viejo adivino vio aparecer al forastero supo en el acto lo que andaba buscando. Aún así le preguntó: “Buenas, ¿qué le trae por estos parajes tan perdidos?”. Obviamente el viajero respondió que le gustaría conocer su futuro. El adivino aceptó a revelarle su futuro a condición de que el extranjero sólo hiciera una pregunta. Qué era lo que más quería saber de lo que le estaba por venir en la vida. “¿Seré rico?” — preguntó. “Sí, serás rico. Inmensamente rico a día de hoy” — dijo sin dudarlo el anciano. Antes siquiera de haber terminado de pronunciar la frase el joven viajero ya se iba corriendo loco de contento porque iba a ser rico.

Pasaron los años pero la tan ansiada riqueza no llegaba. ¿Se había equivocado el adivino? ¿Le habría mentido? Decidió visitarle de nuevo, si es que todavía vivía.

Llegó a las montañas y buscó al anciano. ¡Vivía! El adivino al verle llegar y reconocer en su cara los rasgos de aquel joven viajero que un día anduvo por aquellos lares preguntándole si iba a ser rico le dio la bienvenida y añadió sabiendo el motivo de su nueva visita: “¿Qué sucede? ¿No te has hecho rico?”. El joven entre enojado y decepcionado negó con la cabeza y después le exigió al adivino una explicación. Éste le dijo: “Cuando viniste aquí eras un joven aventurero lleno de entusiasmo y con ganas de hacer cosas, de comerte el mundo. Pero en lugar de eso ¿qué hiciste? Te quedaste esperando que la riqueza te cayera del cielo. Yo todavía no he visto nunca caer oro en lugar de agua. Quizás algún día llueva oro, pero aún así, si te quedas quieto lo único que conseguirás es que te golpeé en la cabeza y no consigas nada. Así que no me culpes por tus decisiones. Yo te contesté con honestidad. Y si hubieras sido igual de decidido y valiente que eras por aquel entonces hubieras sido rico. Te veía descubriendo un gran tesoro en tus aventuras. En lugar de eso abandonaste tus sueños esperando esas riquezas que soñabas. Quisiste saber qué futuro te esperaba, pero al saberlo tú mismo lo cambiaste”.

El anciano tenía razón. No podía reprocharle nada. Regresó cabizbajo a su hogar…Quizás los sueños de aventura resurgieran…

Si quieres algo no esperes a que suceda…¡Actúa!

Los sueños están para hacerlos realidad, pero si no luchas por ellos los mismo sueños pueden convertirse en pesadillas lamentando que no lo hemos intentado.

Nuestro destino está controlado por las decisiones que tomamos. Esas decisiones pueden convertir a un hombre humilde en un rey o al noble más rico en un mero sirviente… ¿Qué elegirías?

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